Me rindo. Simple y llanamente me rindo. Ya intenté sopotocientas-mil cosas, durante muchos y muchos años, y no se puede. No-se-puede. He llegado a la conclusión de que olvidar es, simple y llanamente, imposible. Después de tanto sospecharlo, ahora lo tengo bien claro: ésta batalla la perdí ni bien comenzó. Es por eso que digo que necesito un switch. Para apagar todo lo que siento, pienso y recuerdo. Así, fácil, sin dolor. Nada de tiempo, nada de clavos ni demás refranes viejos que no son ciertos. QUIERO UN SWITCH!
Yo sopeso las cosas que he vivido, lo que vivo en éstos momentos, y lo que podría vivir, y honestamente digo que algunas cosas no las quiero olvidar. No quiero. En el caso de “amoogg”, la solución lógica, aparte del switch, es la lejanía. Nada de “podemos ser amigos”, naaadaaaa. Si se acabó, se acabó. Pretender otras cosas es ser un loco. Uno de los 2 termina lastimado, siempre.
Y todo eso lo sé. Es más, siempre lo he sabido. El problema es que ponerlo en práctica resulta harto mucho muy difícil. El corte tiene que ser rápido y preciso. Fino como un bisturí. Lo único que me falta, creo yo, es la decisión y fuerza para cumplir mi cometido. Si estás pensando en olvidar… buena suerte, y si lo logras, me pasas el dato.